shupereaderBastante repercusión trajo mi anterior artículo sobre Shuperlandia y los shuperlandeses.   Probablemente suene a contrapelo una nota en ese tono cuando por todas partes se cuela un aroma a éxito para  la narrativa gráfica chilena.  Sin embargo, al igual que en el fenómeno de las “punto-com“, siempre alguien tiene que dar voces de cordura para prevenir males mayores.   Tal como en ese ejemplo, no todos pueden ser Patagon o Google y es bueno que se entienda y se conozcan diversas miradas al respecto.

El artículo en comento era en realidad más extenso, pero decidí cortarlo en dos para entregar ahora su segunda parte, la que versa sobre diversos ejemplos de historieta que pudieron verse o ser consideradas como shuperlandesas pero supieron utlizar diversas herramientas para mirar algo más afuera y arriba.   Por supuesto, esta es mi visión y nada más.

1. “1899″. Francisco Ortega y Nelson Dániel.

Comienzo con éste producto porque quienes conocen su génesis saben que me une a sus creadores una relación especial de afecto.   Hace dos años armamos este producto para postularlo a Fondos del Libro pero no quedó seleccionado.  El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) ya puede decir que tiene su propio “Let my try again (*)“.   Mi alternativa era emprenderlo con mis propios recursos, lo que probablemente si habría derivado en un producto netamente shuperlandés.    Sin embargo, gracias al apoyo de Sergio Gómez. en aquel entonces editor de Norma en Chile, “1899” contó con un nivel de producción, difusión y distribución que dificilmente yo habría podido alcanzar en mi naciente editorial.     En éste caso, se supo aprovechar el talento de Francisco Ortega para entregar cultura entretenida,  en la misma huella como lo hicieron hace años los creadores de iconos como Mampato.   De hecho, creo que si alguien quisiera reeditar un Mampato 2.0 pensando en las nuevas generaciones cibernéticas y totalmente interconectadas al mundo, debería considerar a Francisco en el equipo ineludiblemente.

Y por supuesto el talento de Nelson Dániel no constituyó sorpresa para mi.   Cuando su nombre todavía no se asociaba a la historieta chilena, lo invitamos a Zombies en La Moneda (tomo III) porque sabíamos que contar con su trabajo sería un beneficio incalculable para la edición.   Luego vinieron Lucca, The Cape y su reciente nominación a los premios Eisner (el Oscar del cómic norteamericano) no hizo otra cosa que darle mayor visibilidad a su poderoso talento en la narración gráfica.     En resúmen, 1899 supo quitarse el estigma shuperlandés apelando a dos autores de reconocida calidad y gran llegada al  público masivo, además de implementar una potente estrategia de difusión y distribución que le permitió salirse del nicho de las tiendas especializadas, para convertirse en el primer best seller de la historieta chilena que pudo codearse en los rankings de literatura tradicional de ficción.

2. Policia del Karma, de Jorge Baradit y Martín Cáceres.

No es coincidencia que haya tomado como segundo ejemplo éste título.   Cuando comencé la tarea autoimpuesta de convocar y reunir a las mejores plumas de la narrativa massmedia, con los más talentosos exponentes de la historieta chilena, el nombre de Jorge Baradit llegó de forma natural junto al de Francisco Ortega.    Y dado que Jorge tenía el proyecto Karma Police (su nombre original) detenido hace años, esperando la ocasión precisa de retomarlo, bastó sólo algunas reuniones para que alzara el vuelo.

Visionariamente, Jorge había convocado en su momento a Martín Cáceres, por lo que esta nueva dupla ya se conocía y sólo era cuestión de volver a aceitar las máquinas.    Pero una vez más, éste proyecto también comenzó a requerir apoyos y logística de  la que mi pequeña editorial carece, por lo que cuando se presentó la ocasión de que Ediciones B se hiciera cargo, no lo dudamos un instante y les entregué el testigo.

Quienes crean que por su precio de venta ($20.000 aproximadamente), Policía del Karma es un producto shuperlandés, pensado para una elite,  se equivocan profundamente primero,  porque no conocen a Jorge y a Martín y segundo, porque no conocen el enorme trabajo y esfuerzo que hay detrás de ésta novela gráfica, que vale cada peso que cuesta e incluso está infravalorado para lo que un producto de éstas características se puede hallar afuera o que podemos encontrar en librerías especializadas, que suelen importar y vender en Chile a precios más altos, productos que en su mayoría son reediciones, material de saldo o ya totalmente financiadas en sus países de origen.   En éste caso, la reconocida habilidad de Jorge para generar amplia convocatoria sobre su trabajo (redes sociales, marketing viral, imagen de marca, etc.) es el plus que permite separar éste trabajo y ponerlo como un indiscutido aporte a la penetración de la historieta chilena en la mente de otros (nuevos) lectores.

3. Siento y Miento, de Alfredo Rodríguez

Ya que en la nota pasada hablé del “síndrome Gabriel Rodríguez” como una característica de Shuperlandia y los shuperlandeses, quizá era obvio pensar que su hermano Alfredo pudiera caer víctima de él.   ¿Qué se necesita para salir airoso del dilema que significa tener como hermano a uno de los más talentosos narradores gráficos chilenos de la actualidad?   Básicamente, similares dosis de talento acompañadas de toneladas de paciencia y humildad.    Siento y Miento (ed. Arcano IV) supo alejarse del estigma shuperlandés mediante el expediente de no tomarse demasiado en serio.   Alfredo comenzó esta tira casi como un divertimento, un ejercicio narrativo que paulatinamente comenzó a tomar vuelo.

El principal plus de este webcómic que ya lleva dos libros recopilatorios editados está en el mismo Alfredo (y en su familia que co-protagoniza las tiras).    El ángel de todos ellos, la cercanía que lograron con su público mediante la divulgación masiva de sus anécdotas familiares (las que se pueden contar, obviamente) generó un alto grado de  identificación con el público masivo, en particular con aquel que no lee habitualmente cómic y sin embargo se fue quedando con las aventuras del barbón.    Siento y Miento y El Señor Intestino pueden parecer situados en los dos extremos más opuestos de cualquier mesa en que pensemos, pero desde el punto de vista editorial, son productos que comparten muchos más puntos en común que los que el ciudadano común puede notar.

… Continuará?

Hay muchos títulos nuevos en narrativa gráfica, unos ya editados y otros por venir.   Lo que pretende esta nota es poner el acento sobre diversas formas en que algunos de ellos fueron  planteados para satisfacer criterios mucho más amplios que el del público especializado, los nichos cerrados y reducidos y la autosatisfacción shuperlandesa, para convertirse en lo que ahora son: ejemplos y estímulos para seguir creyendo en la historieta chilena.